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La depresión: entre la difusión y la banalización

depresión

La depresión ha ganado popularidad en los últimos años, lo que ha generado dos consecuencias claras. La primera es positiva: la difusión del término puede despertar la curiosidad de una persona y hacer que esta repare en el significado hasta entender de qué se trata realmente. La segunda es negativa: se ha producido una reducción semántica del concepto, lo que llevo a una banalización de un término clínico. Además, al haberse vuelto una palabra tan cotidiana, se suele tomar a la ligera o, peor aún, se le atribuye una excesiva connotación negativa.


Después de todo, la depresión es un trastorno del estado de ánimo y los estigmas y prejuicios que persiguen a la palabra retrasan, en muchos casos, la identificación de casos.


Esta forma de percibir la depresión puede actuar en contra de las propias metas y aspiraciones de quien la padece, así como boicotear sus pasos desde múltiples perspectivas: desde desinterés y sentimiento de culpa hasta cambios en los hábitos alimenticios o incapacidad para tomar decisiones.


Existen muchos tipos de síntomas y distintos tipos de depresión, por esto, es fundamental obtener un diagnóstico de un profesional que determine cuál es el tratamiento adecuado para cada caso.


La toma de decisiones, los sentimientos e incluso los vínculos con el entorno pueden verse afectados por un episodio depresivo que no es tratado de forma adecuada, lo que puede desencadenar un agravamiento de la enfermedad, una recaída o su cronificación. Un episodio aumenta las probabilidades de sufrir otro en el futuro.


 
 
 

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